Escena 20: Km 150. Bar.
- La verdad tío, cuando me dijeron que era un “bar rutero” pensé que era de putas…
- Jajaja! y sí… bueno, no te quiero espantar, pero algunas chicas trabajan acá. Bhá, no acá, sino que vienen y por ahí levantan algo… pero después se van a otro lado, eh. No es que sea un puticlub, lo que pasa es que no hay otro bar. Y eso hace que todos seamos tolerantes. Porque quién no tiene derecho a distenderse, a pasarse un rato en el bar, no? Viene la gente de laburo, los comerciantes, los muchachos más jóvenes y a veces las chicas también. Si hasta a veces vienen señoras grandes y todo, a festejar un cumpleaños o cosas así. Es el bar del pueblo.
Carlos se queda mirando la oscuridad de un rincón del bar. Sonríe y concluye, divertido: - Jeje. Viene el intendente, las putas, la poli y los camioneros que pasan.
- ¿Y te gusta este laburo? ¿Estás contento?
- Sí. Salvo que ando un poco cansado algunos días, viste como es, a veces no tenés ganas de laburar.
Carlos deja de mirar el rincón, y sacudiendo un poco la cabeza observa a su sobrina, una de esas parientes a la que le había perdido el rastro hacía años: - ¿Y vos? ¿En qué andas?
Uma se demora en contestar, es una pregunta que se hace casi a diario, antes de encender el autor y seguir viajando. - Ando como cuando te separaste de Rosita -le dice- viendo qué quiero hacer.
La conversación, y la idea que había empezado a construir Carlos, quedan a medias, un par de hombres entran agitados todavía, casi montados en sus bicis y avisan que salgan todos, porque se “está cayendo el cielo”. “¡Se cae a pedazos!” repiten, y el asombro mezclado con susto les marca la cara.
Escena 18: Cielo y tierra
En Altura es curioso, al menos el nombre. En la estación de servicio también preguntó por eso… la chica que la atendió hizo un silencio y sonrió hasta tener cara de Gioconda. Le dijo que el pueblo se llamaba así porque pese a los metros que lo separan del mar, su fundador vio en esas tierras un lugar “más elevado”, algo más cercano a la idea de dios, parecía ser.
Había un hotel de unas tres estrellas en el pueblo. Pidió una habitación con vista a la plaza. Apenas se duchó y acomodó en la habitación, se asomó a la ventana a mirar la vida de En Altura.
La explicación que le habían dado del nombre no la convencía. Decidió que más adelante iba a volver a preguntar.
También tenía curiosidad por su tío. El conserje del hotel le contestó entusiasmado con la novedad, y además la empezó a tratar distinto, con más afecto y familiaridad.
¡Así que es la sobrina de don Carlos! Ah! Sí! Buen hombre su tío! Tiene un bar desde hace unos años…. A unos 5 minutos de acá en auto, sobre la ruta… No, no vaya a creer, es un bar decente, eh, para la familia, los trabajadores… nada de cosas raras.
Uma le sonrió frente a la aclaración, sobretodo pensando en la cara que habría puesto cuando el conserje dijo eso de “bar rutero”… mi tío regentea putas! Fue lo que pensó de inmediato…. Bar decente decía el tipo… por las dudas, pensó, iba a pasar antes que anochezca.
Escena 16: Decisiones
Escena 15: En Altura
Se incorpora, se despereza. Mira el mapa.
Está cerca de En Altura, un pueblo rutero con un nombre curioso, que además es donde vive o vivía, un tío suyo. ¿Qué edad tendrá ahora?, piensa.
Se distrae con el costado de la ruta, hay campo, llanura y soledad.
Decide parar en el pueblo, al menos para desayunar y ver si alguien
Escena 13: Nick ensaya.
Te extraño…
Y borra el mensaje.
“I wish you were here”.
Deja la frase un momento, la relee. Borra.
Apoya el celular en la mesa y logra olvidarse del aparato, se ocupa preparando la cena.
Hace falta un minuto para que se caliente la plancha, aprovecha para buscar en la lista de contactos hasta que aparece el nombre “Uma”… No logra decidir entre llamarla y eliminar el número, sacarla para siempre de su vida, de su mente.
¿Se podrá? ¿Sacar a una persona de la propia vida desde un gesto simbólico como borrar su número del celular?
Se pegan las hamburguesas.
Con el plato en la mano vuelve a la mesa, prende la tv, mira de reojo el celular.
“¿Porqué carajo te fuiste?”, pregunta en voz alta, pero sabe que no puede escribirle ese mensaje. Ni tampoco llamarla.
-No sé como contestarle, nada de lo que pueda decir me parece suficiente- piensa.
“Esto debe ser amor”, dice en voz alta, y se sorprende de sus propias palabras.
Escena 12: Una carta.
Nick:
Hola Bombón!
Cómo estás? Yo viajando. Estoy bien. Te mando esta foto porque vi la escena y me hizo acordar a otra que vimos juntos. Ojalá vos también puedas recordar esos días que pasamos en el mar desierto. El desierto.
Hoy me di cuenta que a veces cuando estoy sola, y me dan ganas de bailar, necesito pensar que alguien me mira. Pero no cualquiera, si no alguien como vos, por ejemplo. Imagino que me ves en tu cabeza, que me estás inventando en ese momento… como cuando en Alicia a través del espejo le dicen a ella que sólo es un sueño del rey rojo y que lo mejor que puede hacer es no despertarlo, porque si no, ella desaparecería… No digo que me hayas inventado, sino que a veces se me hace necesario percibir mi reflejo en otro. Bueno, algo así, son cosas que estoy pensando estos días, mucha ruta, mucho tiempo para pensar. No sé a dónde estoy yendo, pero creo que voy por buen camino. Ojalá me contestes, ojalá no estés enojado conmigo.
Un beso y cariño.
Uma
Escena 11: Nick sueña. Recuerda poco.
Nick sueña
Sobre la mesa, donde antes encontró la hoja en blanco y la birome que anunciaban que se había ido, ahora hay un sobre con fotos y una carta que le mandó Uma.
Escena 10: Jack en su habitación
Se desviste y va al baño. Abre la ducha, el agua tibia sale con fuerza. Mientras deja que el agua lo moje, trata de recordar. Anoche.
Sabe que recorrió bares. Y el último fue el Nautilus que no cierra nunca. Odiaba ese bar de putas y merca en el baño. Es peor que un bar de tacheros, decía cuando se quejaba. Se sentó en la barra, pidió cerveza y después ginebra. “Si la bebida es mala, que sea barata”, bromeaba en voz alta. Estaba tan ebrio que ni las putas se le acercaron.
Se terminó la plata. Salió en silencio, ya no estaba demasiado en su cuerpo. Caminó hasta donde pudo. Llegó al mar. Se tiró en la arena entre los médanos y durmió hasta que el calor del mediodía lo despertó.
Definitivamente, tenía que esforzarse y cambiar de modos. Hay mejores cosas que hacer.
Entreabre los ojos debajo de la ducha y ve la flor, los hilos de agua continuos. Piensa en lámparas, en la luz. Le gusta mirar las luces encendidas hasta medio enceguecerse, como hacía de chico con el sol.
Escena 9: La ruta
En el asiento del acompañante está sentada Uma, tiene la frente apoyada en la guantera. Los ojos cerrados. Fotos en su regazo. Está inmóvil en esa posición hace un rato. No hay nadie más en el auto y no ha pasado nadie por la ruta.
Decidió estacionar en la banquina cuando pensó en el hombre que dejó en el mar, cuando salió a la ruta. Quería elegir fotos para mandarle.
Durante la cena, hace unas noches atrás, se dio cuenta que tenía que irse. Que si se quedaba iba a estar escondiéndose y que si se escondía mucho tiempo, iba a terminar por desaparecer. No podía hacerse eso, ni a él tampoco. Así que técnicamente no puede considerarse una fuga. Más bien los meses que se quedó cómodamente sentada junto al mar, viendo la gente, el agua, las gaviotas surferar el viento, ese fue el tiempo de fuga.
Durante la cena, mientras miraba a su amante de estación descorchar una botella, entendió que pese a lo mucho que lo quería (tal vez incluso amándolo) igual tenía que irse para llegar, para encontrarse. Retomar el viaje, la ruta… a sí misma? Tal vez; el destino final era incierto. Casi tanto como el intinerario.
Desde afuera del auto no se escucha la música. Uma sonríe y tararea casi imperceptiblemente una de las canciones que eligió para el viaje. “Send me a postcard”, de Shocking Blue. Canciones ruteras.
La mañana que se fue había amanecido neblinoso y fresco. Salió de la cama, de la habitación, sin hacer ruido, sin que Nick se despierte. Pensó en escribirle una nota, pero al final no encontró qué decirle, así que dejó el papel en blanco con la birome sobre la mesa. Pasó a buscar su bolso, lo llenó con la mayoría de sus cosas, agarró las fotos, la cámara, una campera y las llaves del auto.
Las ciudades se estaban llenando de VW Gol, y color rojo. Al principio eso le dio bronca, pero ahora se sentía protegida por ser parte de esa uniformidad. Estar en la norma aumenta las posibilidades de mantener el anonimato.
Eligió las fotos para mandarle al hermano de Jack. Pensó que a esa hora era probable que él todavía estuviera durmiendo, mientras ella subía el volumen y sonreía frente a las imágenes. Recuerdos.
Con “Hello darkness” se cambió de asiento. Y cuando empezó a sonar “Shocking you”, se secó las lágrimas que habían aparecido y volvió a la ruta.
Escena 8
Teme, porque no lo sabe con certeza, que incluso sean lugares que recorrieron juntos.
Escena 4
Llegar a un hotel donde las habitaciones sean más frescas que la recepción.
*en Japón, coche tirado por una persona.

























